Bienvenidos

He pasado demasiado tiempo sin saber como expresarme, así que empecé a pintar no hace mucho. Y me gustó. No comprendo a los que dicen “entender” de pintura. ¿Que cuernos se supone que significa eso de “entender” de pintura?. Un cuadro es bueno si te plantas delante de él y te gusta. Si te agrada, si te conforta, si te anima, si te conmueve… así que no soy muy academicista. Pero he participado en alguna exposición; en centros cívicos, en el centro Isabel la Católica de Medina del Campo, en la Diputación de Valladolid junto a compañeros de Iniciativas bocallave, y en unos cuantos bares, restaurantes, centros comerciales, y demás garitos. No he conseguido ningún premio, pero a algún amigo le han gustado mis pinturas (amigo sincero, mal pensados) y he logrado vender unos cuantos lienzos, que ya se fueron. Así que soy un tipo que disfruta lo que pinta.

 Hay quien considera su vida de manera desordenada. Para este tipo de gente, su voluntad no resulta suficiente para conseguir lo que pretenden. Todo puede alterarse en el momento menos oportuno. Existen rebeldes condicionantes que impiden aplacar el caos que se produce, a cada momento, de forma natural y espontánea. Algunos de esos condicionantes pueden ser la salud, los deseos, los errores, las relaciones amorosas (que terminan resultando difíciles y duras o bien explosivas y felices).

 En el otro extremo organizativo, hay quien opta por vivir de un modo ordenado. Para este tipo de gente, no resulta difícil dominar el orden de sus actuaciones sin caer, consideran, en comportamientos egocéntricos y amorales. Puede que, para lograrlo, resulten útiles condicionantes como la fe en algún dios, la desilusión, los cuentos de hadas, o la responsabilidad.

 Pero la naturaleza y la labor humana han presidido este planeta desde hace los suficientes años como para observar que el orden termina derivando, irremediablemente, en un absoluto desorden. Por el contrario, en el desorden termina percibiéndose ciertas normas que parecen ordenarlo.

 ¿Ejemplos? Os podría enumerar unos cuantos:

Las ciudades en el centro de los desiertos, la luz del cielo suspendida sin andamios,  la demente fascinación por el físico desnudo, el frío del crudo invierno, el recorrido por senderos del bosque, el brote de la locura en un día monótono, la árida línea del horizonte, la destrucción natural del entendimiento, la ira de un volcán, la palabra de un hombre elevada a grito, la búsqueda del calor.

 Pues bien, la pretensión al pintar estos cuadros expuestos fue simbolizar la aparente confrontación ¿o quizás delicioso entendimiento? entre el orden y el desorden.

 Es posible, tal vez, que el orden y el desorden sean la misma cosa. O que sean una combinación de lo mejor y lo peor, de lo dulce y lo terrible.

Raúl López

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